Es la última etapa de la campaña electoral donde el equipo de trabajo del candidato y toda su organización imparte las instrucciones necesarias para señalarle al votante cuál es el camino seguro para hacer efectivo ese voto, de tal manera que no se pierda en las filas el día de las elecciones, por confusión y falta de ilustración.
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En efecto, hemos comprobado que muchos votos se pierden por mala marcación convirtiéndose en votos nulos o no marcados. Faltó pedagogía electoral.
De ahí la importancia de los testigos electorales cuyas funciones están indicadas en la Ley 1475 de 2011 y en las cartillas que divulga pedagógicamente la Misión de Observación Electoral -MOE-, especialmente en cuanto a la verificación de la identidad del votante, la firma de los documentos por parte de los jurados, observando la realización del proceso electoral y el conteo de los votos para presentar las reclamaciones respectivas ante los integrantes de la mesa por cualquier irregularidad, requisito previo para una posterior demanda de nulidad electoral. Así las cosas, un partido político serio y organizado debe tener a su lado un grupo de personas capacitadas para ejercer las funciones de testigo electoral.
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Ahora bien, respecto al papel del tarjetón, este documento diseñado por la Registraduría Nacional del Estado Civil, bajo la coordinación del Consejo Nacional Electoral tiene ventajas para unos y desventajas para otros. Por ejemplo: los partidos con voto no preferente se le facilita más al elector al momento de depositar el voto, pues basta marcar el logo del partido evitando buscar con exactitud el número del candidato. De igual manera, la ubicación del partido político dentro del tarjetón también favorece.
De otra parte, debemos destacar que los candidatos ya no son bobos, han aprendido mucha letra menuda para no dejarse pillar ante una posible demanda por doble militancia. Por ejemplo: un candidato a la Cámara de Representantes por el partido liberal, que apoya a un candidato al Senado Conservador, realiza un evento conjunto en un pueblo. Primero entra el candidato al Senado, monta sus elementos publicitarios, discurso e intervenciones. Termina la sesión y aplausos. Desmontan y recogen toda la propaganda sin dejar huellas. Más tarde actúa en el mismo escenario, el candidato a la Cámara, con su publicidad, pues no hay política sin trampas.
La campaña política culmina dentro de la alegría colectiva de una gente que baila como lo hace hoy el país con la canción indígena Embera, que no sabemos qué dice pero que suena sabroso.
"Artículo de Francisco Cuello Duarte y publicado en los periódicos El Heraldo, El Meridiano, Diario del Huila, Causa Guajira y el semanario La Calle."

FRANCISCO CUELLO DUARTE
CONSULTOR POLÍTICO
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